A los doce años, Gisela escribió un cuento para un concurso escolar. Su madre no quedó conforme y escribió otro; al día siguiente, una compañera que no había llevado nada terminó presentando el texto de Gisela. Ganó ese. Nadie pudo corregir después la escena sin admitir una mentira. Años más tarde, otro concurso la llevó hasta las puertas de un viaje a España, pero una firma que no llegó volvió a dejarla afuera. Escribió siempre, aunque durante mucho tiempo lo hizo para otros, mientras estudiaba, trabajaba y acumulaba oficios. Recién después de una crisis personal, un psicólogo le hizo una pregunta sencilla: qué había querido ser siempre. Gisela respondió sin modestia que quería ganar el Pulitzer. Entonces volvió a escribir. Desde ahí empezó a reunir leyendas, memorias familiares y deudas heredadas con la tierra, con los muertos y con quienes vinieron antes. Esta vez, el cuento lleva su propio nombre.
A los doce años, Gisela escribió un cuento para un concurso escolar
Sobre Entre el barro y la sal
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:38