Valeria creció entre La Plata y una casa familiar en Reconquista, al norte de Santa Fe, rodeada por mujeres que sostenían la memoria de la familia. En la entrada de aquella casa había un jazmín tropical que las hermanas de su abuela intentaban reproducir en La Plata sin éxito. Un día llegó la abuela, cortó un gajo, lo plantó con sus propias manos y consiguió que creciera donde parecía imposible. El año en que murió, el jazmín se secó. Esa imagen quedó como una síntesis involuntaria de muchas historias que Valeria venía escribiendo desde siempre: mujeres, casas, infancia, pérdidas, recuerdos y la obstinación de hacer durar algo. Durante años publicó apenas en antologías y concursos, mientras estudiaba medicina, después artes, daba clases y trabajaba con cerámica. Estos relatos nacen de esa vida larga y mezclada, donde escribir también consiste en cultivar lo que insiste en volver a florecer contra todo.
Valeria creció entre La Plata y una casa familiar en Reconquista, al norte de Santa Fe, rodeada por mujeres que sostenían la memoria de la familia
Sobre El jazmín magno
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:39