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Prólogo de Hernán Casciari

Llega tarde al trabajo, a los planes, a las respuestas, a veces incluso a su propia vida

Sobre El día que llegué tarde a todo

PRÓLOGO · 10 de agosto de 2026 · 14:41

Lucy llega tarde a todo. Llega tarde al trabajo, a los planes, a las respuestas, a veces incluso a su propia vida. Esa demora, que al principio parece apenas un rasgo de carácter, se convierte en la llave de una novela construida con pistas pequeñas: un jazmín, un labial rosa, una niña que aparece y desaparece, un reloj que insiste, una oferta laboral pendiente, una mujer llamada Sol que dice conocerla y la invita a entrar en un lugar donde alguien preparó una celebración extraña.

El día que llegué tarde a todo trabaja con una pregunta delicada: qué pasaría si pudiéramos mirar nuestros vínculos desde otro umbral, cuando ya no queda tiempo para corregirlos de la manera habitual, pero todavía existe una última forma de comprender. Clara Lina Tissera escribe una historia de clima íntimo, con elementos de realismo mágico y una sensibilidad muy atenta a las señales. No busca el truco, sino el temblor de volver a ver a quienes amamos, a quienes herimos, a quienes no supimos perdonar del todo. La novela avanza como una fiesta misteriosa en la que cada encuentro abre una habitación de la memoria. Y en ese recorrido, Lucy descubre que llegar tarde no siempre significa haber perdido la oportunidad. A veces significa que alguien, en algún lugar imposible, todavía nos está esperando para mostrarnos lo que no vimos.