Mariana creció escuchando historias que se iban. Sus padres habían migrado a Estados Unidos antes de que ella naciera, sus hermanas nacieron allá y, en su casa de Lima, la idea de partir estuvo flotando. Años después, le tocó a ella: se fue a Canadá con su esposo y un hijo pequeño, tuvo allí a su segunda hija y aprendió que cambiar de país no alcanza para dejar atrás lo que uno lleva adentro. Desde los seis años escribe, aunque durante mucho tiempo esas páginas terminaron en cajones o en la basura. Con los años, la migración, la maternidad y la distancia fueron acumulando historias. Algunas ocurrieron; otras fueron transformadas, mezcladas, inventadas. Todas buscan algo parecido: entender qué pasa con una persona cuando cambia de idioma, paisaje y costumbres, pero sigue cargando consigo sus miedos, sus recuerdos, sus afectos y una pregunta persistente: dónde queda, finalmente, eso que llamamos casa.
Mariana creció escuchando historias que se iban
Sobre El corazón como equipaje
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:38