El brujo del aire entra en la fantasía por una puerta cercana: Buenos Aires. No hay un reino remoto ni un mapa imposible al principio del libro, sino edificios reconocibles, bosques de Palermo, Puerto Madero, rastros de internet, sociedades secretas y una sospecha inquietante: quizá el mundo que conocemos convive desde hace siglos con otro mundo, oculto apenas debajo de la superficie.
Silvina Carreño construye una novela juvenil de fantasy y suspenso alrededor de Luna, una chica criada entre los Benedetti, los cazadores de brujas más temidos. Ella pertenece a ese universo de persecuciones, profecías y secretos, pero ignora la verdad más peligrosa: aquello que lleva dentro podría convertirla en enemiga de los suyos. La fuerza de esta novela está en esa tensión. Luna no viaja hacia lo desconocido; descubre que lo desconocido estuvo siempre en su propia casa, en su sangre, en la historia que otros escribieron por ella. Las batallas, los elementos, los símbolos y la mitología familiar funcionan como aventura, pero también como relato de pérdida de inocencia. Crecer, en este libro, es entender que la protección puede parecerse demasiado al encierro y que la identidad, cuando aparece, no siempre trae alivio: a veces trae persecución. El brujo del aire tiene vocación cinematográfica, ritmo de saga y una imaginación puesta al servicio de una pregunta clásica y eficaz: qué hace una persona cuando descubre que sobrevivir implica desafiar todo lo que le enseñaron a obedecer, incluso cuando amar también forma parte del peligro que siempre la rodea.