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Prólogo de Hernán Casciari

En 2014, Pablo atravesaba la crisis de los cuarenta

Sobre Crudo

PRÓLOGO · 12 de marzo de 2026 · 12:24

Hay autores que empiezan con historias completas. Pablo Griffa empezó con frases. No necesariamente relatos enteros, al principio. Más bien líneas sueltas que aparecían de golpe y se quedaban dando vueltas en la cabeza: una observación, una imagen, un pensamiento incómodo.

Durante años las fue anotando sin saber muy bien qué hacer con ellas. La escritura apareció primero como refugio. De chico llevaba un diario íntimo donde volcaba reflexiones y escenas que lo ayudaban a ordenar una infancia que él mismo describe como turbia. El papel funcionaba como un lugar seguro donde las cosas podían decirse sin consecuencias. Mucho tiempo después, ya adulto, una psicóloga le sugirió algo sencillo: escribir. Era 2014 y Pablo atravesaba lo que suele llamarse —con cierto humor involuntario— la crisis de los cuarenta. Aquella recomendación terminó activando algo que llevaba años esperando. Las frases dispersas empezaron a convertirse en relatos. Las imágenes sueltas encontraron estructura. En el medio aparecieron influencias claras: el humor negro y la mirada implacable de Ambrose Bierce, la potencia narrativa de García Márquez y también la experiencia del stand up, que Pablo practicó durante tres años y que dejó en su escritura cierto ritmo oral y una forma particular de observar lo absurdo de la vida cotidiana. Crudo reúne cuentos donde el humor negro, lo paranormal y el realismo más áspero conviven con naturalidad. Tal vez por eso todavía le resulta extraño que otros lean lo que escribe.