Carmen pertenece a esa clase de novelas familiares donde el secreto no aparece como un adorno de la trama, sino como el material mismo con el que una familia aprendió a sostenerse. La historia empieza con una nena que cree tener seis tías y descubre, de pronto, que tres de ellas son en realidad sus hermanas.
Ese desplazamiento mínimo, casi doméstico, abre una grieta enorme: si los nombres de la familia estaban cambiados, si los vínculos no eran los que parecían, entonces todo el pasado puede estar construido sobre una mentira. Mabel Benedetti escribe una novela histórica y de identidad alrededor de Carmen, una mujer casada, con hijas adolescentes, que a los cuarenta años se enamora de un hombre mucho más joven y decide torcer la realidad para conservarlo. Falsificaciones, documentos alterados, matrimonios ocultos, embarazos perdidos, apropiaciones y pactos silenciosos componen un mundo donde el amor se parece demasiado a la voluntad de dominio. Pero lo interesante de esta novela no es juzgar a Carmen desde lejos, sino mirar de cerca cómo una vida puede volverse culebrón sin dejar de ser profundamente humana. En el fondo, cada personaje miente para sobrevivir, para pertenecer, para no perder aquello que cree suyo. Maricel, la nena que descubre las piezas rotas del rompecabezas, funciona como testigo de una verdad que llega tarde y desordena todo. Y en ese desorden aparece la pregunta que sostiene el libro: cuánto estamos dispuestos a inventar para llamar familia a lo que deseamos, incluso contra toda evidencia posible.