Lucas pasó años buscando una nacionalidad imposible hasta que Luxemburgo abrió una ventana y el pasado familiar volvió a moverse. El papel llegó en enero de 2020; poco después, la pandemia dejó todo suspendido. Dos años más tarde, con los hijos grandes y una licencia sin goce de sueldo, se fue seis meses a vivir al país de su tatarabuelo. Al principio hubo entusiasmo. Después llegaron la soledad, los idiomas ajenos y un llanto diario que no sabía cómo ordenar. En una videollamada, su esposa le hizo una pregunta sencilla: por qué no escribir lo que le estaba pasando. Lucas respondió que no sabía escribir, pero esa noche empezó. Siguió hasta las dos de la mañana y ya no pudo detenerse. Cuatro años después, aquel impulso sigue empujando este libro: un viaje hacia Jacob, sí, pero también hacia el hombre que decidió averiguar qué hacer con una herencia familiar recuperada.
Lucas pasó años buscando una nacionalidad imposible hasta que Luxemburgo abrió una ventana y el pasado familiar volvió a moverse
Sobre Camino a Jakob
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:38