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Prólogo de Hernán Casciari

Andrea Quaranta parece haber acumulado relatos como quien junta cajas en una mudanza eterna

Sobre Caleidoscopio de escenas cotidianas

PRÓLOGO · 19 de junio de 2026 · 15:40

Una nena de siete u ocho años arma revistas caseras con hojas arrancadas de la carpeta del colegio para que su padre las lea durante los viajes de trabajo. Las escribe, las ilustra, las abrocha. El padre las guarda. Medio siglo después, esa misma mujer descubre algo incómodo: pasó décadas creyendo que solo podía escribir cuando estaba triste.

Es una idea extraña, casi una condena. Y un día decide romperla. Empieza a escribir todos los días, con tristeza o sin ella, con tiempo o sin tiempo, con trabajo o después de perderlo. El resultado no es este libro. El resultado es una vida que volvió a encontrar una salida. Caleidoscopio de escenas cotidianas aparece después de muchos años de entrar y salir de la literatura mientras alrededor ocurrían otras cosas: recitales, centros culturales, chicos vulnerados, expedientes judiciales, víctimas de abuso, maternidades, divorcios, amores, denuncias sociales. Andrea Quaranta parece haber acumulado relatos como quien junta cajas en una mudanza eterna. Y ahora abre todo junto sobre una mesa. Hay cuentos nacidos de experiencias íntimas, otros que observan con rabia silenciosa ciertas injusticias, otros que se permiten la ficción absoluta. No importa demasiado distinguir cuáles ocurrieron y cuáles no. Importa otra cosa: la sensación de que detrás de cada texto hay alguien acostumbrada a mirar lo que duele y también lo que resiste. Quizás por eso estos relatos no buscan respuestas definitivas. Funcionan más bien como un caleidoscopio: pequeños fragmentos que, al girar apenas un poco, muestran otra forma posible de entender una vida.