Todo empezó con un chiste familiar y una condesa pelirroja. En la casa de sus padres, en Necochea, Lorena escuchó una historia que nadie parecía considerar demasiado extraordinaria y, cuando quiso saber más, su padre empezó a sacar cartas, documentos y papeles acumulados durante generaciones. El desorden ajeno activó en ella una necesidad muy propia: ordenar, buscar, conectar. Primero apareció un documento; después, un acta de bautismo; más tarde, archivos en Bolonia, dotes escritas en latín, cuadros, viajes y una genealogía que se abría como una excavación. Lorena no reconstruyó esa historia de manera cronológica, sino en el mismo orden en que fue encontrándola, siguiendo intuiciones hasta convertirlas en pruebas. Tal vez por eso este libro conserva la energía de una pesquisa y también la de una herencia: durante años, otras mujeres guardaron las piezas. A Lorena le tocó descubrir que juntas contaban algo que hasta entonces nadie había contado.
Todo empezó con un chiste familiar y una condesa pelirroja
Sobre Burlar el olvido
PRÓLOGO · 22 de octubre de 2026 · 17:38