Estrella Mahsardjian llega a este libro después de una vida entera en pausa con la escritura. No porque no estuviera ahí, sino porque estaba corrido el foco: el trabajo, la familia, la urgencia de sostener lo cotidiano. Durante años leyó mucho y escribió poco, o escribió en otros formatos, hasta que cerca de los cincuenta algo se acomodó y volvió a aparecer esa necesidad original.
Entonces escribió. Y escribió mucho. Amores que arrasan nace de ese regreso, pero no tiene nada de debut tímido: es un libro decidido, con una voz que ya sabe lo que quiere hacer. Sus cuentos son breves, filosos, y se mueven en ese territorio donde lo emocional cambia de dirección sin aviso. Empiezan de una manera y, en algún punto, algo se corre: una relación, un vínculo familiar, una escena cotidiana que deja de serlo. Hay en su escritura una sensibilidad muy ligada a la experiencia, a lo vivido, pero también a una tradición lectora que va de los clásicos a los cuentistas argentinos, donde la economía del lenguaje no es una limitación sino una forma. El propio nombre con el que firma este libro también cuenta una historia: “Estrella” no es solo un nombre, es una reconciliación, un gesto hacia su madre, una forma de volver a un origen que durante mucho tiempo fue incómodo. Este libro también es eso: una forma de volver, de tomar lo que dolía y convertirlo en relato. Y en ese movimiento, lo íntimo se vuelve universal.