HERNÁN CASCIARI: Muy buenas, Guillermo. ¿Cómo va?
GUILLERMO MOCOROA: ¿Cómo te va, Hernán?
H: Bien, muy contento de que seas puntual, primero que nada.
G: Vos también sos muy puntual. Y muy metódico: tenés todo este tema muy estructurado.
H: Son muchos autores y muchos libros. Tengo que tener una estructura muy armada para cumplir con todo el mundo, charlar y conocerlos. Ahora estoy en esa etapa: conocer a los autores y darles la bienvenida a los de octubre y noviembre. Pero antes de entrar al libro, contame de vos. ¿Dónde estás? ¿Dónde naciste?
G: Soy uruguayo. Acá sos muy conocido.
H: Me siento muy querido en Uruguay.
G: Sos de los argentinos muy queridos acá. Tengo mucha familia en Buenos Aires. Yo vivo en Buceo, relativamente cerca de la rambla. Estoy jubilado: trabajé mucho tiempo administrando edificios y para el Banco de Previsión Social. Hace cinco o seis años paré todas las máquinas. La vida te saca y te pone cosas; nunca te pregunta.
H: Hay cosas que no te da la opción: te las pone y vos tenés que alimentarlas o dejarlas.
G: En esta etapa me atravesó con los nietos, con los que estoy fascinado; con el tango y con la escritura.
H: ¿El tango te atravesó ahora o venía de antes?
G: Antes no le daba bolilla. Eso de que el tango siempre te espera es verdad: me encontró.
H: ¿Y qué te gusta? ¿Qué estás escuchando?
G: Yo bailo. No tengo cualidades para el canto, por más que me gustaría, ni para los instrumentos. Hay otra gente de la familia que está en eso. El tango me agarró ahora y me llena pila, me da muchos sentimientos, no solo en la parte física, también en la emocional.
H: ¿Y la literatura cómo entra en todo esto?
G: Siempre me gustó escribir. Mis mensajes de WhatsApp son todos escritos; no grabo audios. Cuando era el tiempo de los correos electrónicos, también. En un cumpleaños mis tres hijos me regalaron un taller literario. Ahí te ponen consignas que tenés que llevar de una semana a la otra, y eso te obliga a andar escribiendo. Me sacó de la inercia y me puso a funcionar.
H: Hablame de «La casa del callejón». ¿En qué momento empezó a carburarte en la cabeza escribir un libro de cuentos?
G: Tengo acá un libro de Wimpi. En la contratapa dice que era una persona muy tímida, con poca seguridad en sus escritos, y que por eso no quería publicar. Me identifico un poco con eso. Escribo, me gusta, hay gente que me lee y me dice que le gusta leerme. Pero de ahí a pasar a un libro... No sé si lo que escribo vale como para ponerlo en un libro. En «Para qué escribir», un texto que te mandé, explico un poco por qué nunca me había animado.
H: ¿Y qué te lleva a animarte ahora? ¿Hay un clic?
G: Te vas a reír. Primero aparece mi mujer, ve tu oferta y me dice: «¿Por qué no te metés con esto?». Le digo: «No, dejá, Adri, no sé si me da». Además, viste eso de que en la vida tenés que tener hijos, plantar un árbol y escribir un libro...
H: Ya hiciste todo lo otro.
G: Entonces no quiero escribir el libro, para que no se acabe esto.
H: Está muy bien. ¿Cómo son los cuentos?
G: Escribo sobre cosas que veo, que siento, sobre cosas cotidianas. Son cuentos cortos, no tengo nada excesivo. Después me gustaría verlo con el editor.
H: ¿Tenés suficiente material para llegar a veinte o veintidós mil palabras?
G: Estoy en diecinueve mil. Tengo uno bastante armado, sobre el tango, al que le falta el final. No termino de encontrarle la vuelta. Pero llego fácil a esa cantidad de palabras.
H: ¿Sabés en qué experiencia te metiste? O en cuál te metió tu mujer, en realidad.
G: Sí. Ella está escuchando.
H: ¿Cómo se llama?
G: Adriana.
H: Adriana, vení a saludar.
ADRIANA: ¡En qué baile lo metí! Qué lindo verte.
H: Igualmente. Me encanta que Guillermo te haga caso.
A: Era el empujoncito que precisaba. Estaba buscando la vuelta hacía un tiempo y no se animaba. Había hecho un intento. Cuando recibí tu mensaje —estoy en los mensajes de Orsai—, le dije: «Esto es para vos. Es el momento». Así que los dejo que sigan. Mis amigos y mis hijos son rehinchas tuyos, te han ido a ver cuando venís a leer.
H: Mandales saludos. Guillermo, esto empieza la primera semana de octubre. Vas a tener dos meses con un editor o una editora, todavía no sabemos quién, para trabajar cada cuento y llegar a las veintidós mil palabras. Conmigo vas a trabajar el libro como objeto: la portada, la imagen, el color. Todo lo que ahora es provisorio va a dejar de serlo. Cuando termine noviembre, soltamos el libro y lo pasamos a corrección: tipográfica, sintáctica, gramatical.
G: Bien.
H: Alrededor del 15 de diciembre pasa a maquetación y diseño. Las páginas ya van a ser las de un libro. Entre Navidad y fin de año vas a recibir las pruebas de galera: un PDF con la portada, la contra, el interior, la dedicatoria, los agradecimientos, el índice y el prólogo, que hago yo. Le das una mirada final, una firma, y entra en imprenta. La idea es que entre el 2 de enero, esté quince días hábiles y antes de finales de enero salga a la calle. Ese es el recorrido ideal; pueden pasar ochenta cosas, pero ese es el objetivo.
G: Bárbaro.
H: La semana que viene vas a recibir un mail con el cronograma de octubre y noviembre. Vas a tener charlas con tu editor, por videollamada, y ocho clases mías por YouTube, una por semana.
G: ¿En qué consisten esas clases?
H: Voy a hablar con todos los autores que publican. Son alrededor de sesenta: novelas, libros de cuentos y algunos de no ficción. Quiero que se conozcan y se lean entre ustedes. Cada uno tiene su editor, pero también hacemos pequeños grupos para que haya una lectura previa. Que alguien pueda decirte: «Qué lindo cuento, cómo me gustó este, pero este no tanto». Y que puedas hacer cambios antes de imprimir.
G: Está bueno. Todavía estamos a tiempo de hacer cambios.
H: Por eso lo propongo antes. Después ya no se puede. Ese es el juguete al que te invitó tu mujer: dos meses de trabajo y después corrección y edición.
G: Me encanta este trabajo, no me pesa.
H: ¿Tenés alguna duda?
G: Una consulta. Yo no había entrado, pero Adriana, de curiosa, entró y apareció una reseña del libro basada en uno de los textos que colgué. Entonces dijimos: «Alguien lo leyó».
H: En el formulario te pedimos una muestra. Esa muestra ya la leyeron nuestros editores. Tengo una lista de rechazados y otra de aceptados, y en ambos casos les pido un porqué. Vos entraste en el grupo de los aceptados. Ahora un editor va a leer el libro entero.
G: Perfecto. Me encanta poder tener esta breve comunicación contigo.
H: Vamos a tener más. No es la única conmigo: sigo al pie del cañón. Hablaremos en octubre y noviembre, y seguramente nos veremos cuando vaya para allá.
G: Si venís para acá, nos tenés que avisar.
H: Le mando un beso a Adriana y un abrazo a vos. Hablamos pronto.