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ENRIQUE PETRACCHI / LAS BALLENAS MUEREN EN LA ARENA

«Los primeros libros los cambiaba por una botella de vino»

Enrique Petracchi es médico cirujano del Hospital Argerich y vive en Buenos Aires. Empezó a leer de adulto, después de una separación, y encontró la escritura durante la pandemia. En «Las ballenas mueren en la arena» reúne relatos nacidos de su fascinación por los pueblos, las historias mínimas y esas escenas cotidianas que de pronto cambian de tono.

PRIMERA CONVERSACIÓN · 23 de septiembre de 2026 · 17:00

HERNÁN CASCIARI: Amigo Enrique, ¿cómo estás?

ENRIQUE PETRACCHI: ¿Qué tal, Hernán? Un gusto verte. Espectacular.

H: Ya está pago todo para mí con verte. Y además ya hay gente comprándote por afuera de los primeros veintiocho. Arrancaste rapidísimo.

E: Sí, tengo muchos amigos.

H: ¿Dónde estás? ¿En qué parte del mundo te encuentro?

E: En la ciudad de Buenos Aires. Nací acá también. Soy médico cirujano y hago cirugía general en el Hospital Argerich.

H: ¿Y la relación con la literatura por dónde viene?

E: Es una historia medio loca. Empecé a leer gracias, o por culpa, de una exnovia. Vivía con ella, me echó de su casa y me fui a un lugar que no tenía televisión. Mi vieja siempre leyó mucho y mi viejo también, pero yo nunca me había enganchado. Un día le pregunté qué me recomendaba y me llevé dieciocho libros. El que me abrió la puerta fue «Trilogía de Nueva York», de Paul Auster.

H: O sea que descubriste que no era que no te gustaba leer: no habías encontrado los libros para vos.

E: Exactamente. Y con escribir me enganché en la pandemia. Para los médicos fue una época horrible. Mi mujer también es médica, teníamos chicos chicos y yo volvía a casa cargado con todo eso. Siempre me gustó observar historias mínimas, sobre todo cosas de los pueblos. Tengo familia en San Miguel del Monte y mi mujer en Areco. Ese mundo siempre me llamó la atención.

H: ¿De ahí sale «Las ballenas mueren en la arena»?

E: Sí, bastante. Los cuentos los fui escribiendo durante los últimos tres años.

H: Vos ya habías publicado antes.

E: Sí, con Dunken. Para alguien que no vive de escribir fue una experiencia accesible y correcta. No me prometieron nada raro y a mí me funcionó. Ver el libro en una librería o que alguien que no conozco me escriba para decirme que un cuento le hizo acordar al abuelo me daba una satisfacción enorme.

H: ¿Y cómo hiciste circular esos primeros ejemplares?

E: Yo no quería venderles libros a mis amigos. Vivo de mi trabajo, no de esto. Entonces los primeros libros los cambiaba por una botella de vino y cada uno elegía el valor de la botella.

H: Es buenísimo. ¿Y por qué ahora Orsai? ¿Qué buscás acá?

E: Con vos me pasó algo parecido a lo que me había pasado con Fontanarrosa. Cuando lo descubrí fui y compré todo lo que encontré. En tus cuentos reconozco algo de eso: cosas fáciles de leer, cotidianas, pero que de golpe pueden pasar de la comedia a la tragedia y ser profundas. Me siento identificado con esa manera de contar.

H: Durante octubre y noviembre vas a trabajar con un editor o editora que va a leer todos los cuentos y hacerte sugerencias. Al mismo tiempo, los martes voy a trabajar con toda la camada sobre progresión, escenas, personajes, orden de los relatos y la idea que atraviesa el libro. A fin de noviembre se suelta el texto y entra en corrección.

E: Perfecto.

H: Después vienen corrección, maquetación y las pruebas de galera. El 2 de enero la idea es entrar a imprenta y llegar a finales de enero con el libro publicado.

E: Tengo una duda menor. Algunos amigos intentaron comprar después de los primeros veintiocho y les apareció como agotado.

H: Lo acabo de probar y ahora funciona. De hecho ya tenés treinta y dos vendidos: hay cuatro compras hechas por fuera de los primeros veintiocho. Puede haber sido un problema momentáneo.

E: Perfecto. Yo no sabía si después de los veintiocho se frenaba hasta más adelante.

H: No. Ya está funcionando. Y por eso te decía al principio que arrancaste muy rápido. La semana que viene te mando toda la información y empezamos a trabajar.

E: Perfecto. Muchas gracias.