HERNÁN CASCIARI: ¿En qué parte del mundo te encuentro?
FRANCO MOLINIER: En Mendoza. Soy mendocino de nacimiento. Una parte de mi familia es de Buenos Aires y he viajado mucho a Capital, pero soy de acá.
H: ¿Qué hacés de tu vida? ¿Cuál es tu profesión?
F: Soy abogado y también trabajo en el negocio familiar: nos dedicamos al ajo. Ejerzo muy poco; me volqué más a la empresa. Estudié abogacía, terminé, tengo título y matrícula, pero la uso para pocas cosas.
H: ¿Y cómo entra la literatura en el mundo del ajo y la abogacía?
F: Siempre tuve interés por crear mundos e historias. En algún momento quise estudiar cine. No lo hice porque cuando era más chico en Mendoza no se hablaba mucho de eso. Me fui volcando a contar historias y a leerlas. Cuando Vargas Llosa ganó el Nobel, mi padre me compró sus libros. Me llamó la atención que lo ganara un latinoamericano y ahí me enganché de lleno.
H: ¿Qué leíste primero?
F: «La ciudad y los perros». Justo ese año viajamos a Perú. Fue muy chocante leer esa realidad y estar por las zonas que describe.
H: ¿Empezaste a escribir en esa época?
F: Más o menos. Ya había hecho algunas cosas porque mi abuelo me regaló una Olivetti eléctrica. Escribía ideas. Uno ve películas, guiones, cuentos y piensa: «Algo tengo que escribir». A los quince o dieciséis me volqué más a la literatura.
H: ¿Empezaste con cuentos? ¿Los mostrabas?
F: Sí. A algunas personas se los mostraba y a otras no. Tuve una banda de rock y nunca lograba escribir letras, pero tenía ideas: las ampliaba y se convertían en cuentos o noveletas. Algunas las pude pulir con el tiempo; otras fueron a la basura.
H: ¿Cuándo empezaste a pensar que tenías «El misterio de la domesticación» en la cabeza?
F: Empezó como un cuento, por el final que tiene. Iba a ser corto y se fue ampliando hasta hacerse novela. La escribí entre 2024 y 2025; la terminé en un año.
H: ¿Ya está terminada, con moñito?
F: Sí, pero quería consultar eso sobre el taller. Hay partes que creo que necesitan recortes. Uno o dos capítulos están de más.
H: Qué bueno que lo sepas. En general, cuando los autores escriben su primera obra larga se aferran mucho a lo que sobra.
F: Mi formación también viene del cine; hice muchos cursos de guion. A veces quiero explorar algo que permite la novela y otras pienso: «Esto se plantea en una escena». Por momentos escribo de esa manera y por momentos intento darle un condimento más novelesco.
H: ¿Cuántas palabras tiene?
F: Ochenta y ocho mil, casi noventa mil.
H: ¿Hasta dónde la bajarías?
F: Hay dos capítulos específicos que sacaría y otro que modificaría. Creo que podría bajarla a setenta y cinco u ochenta mil.
H: Hay un tema de costos. Un libro con esa cantidad de palabras tiene un precio de venta alto que cuesta sostener para un autor novel, independientemente de su calidad. Entre veinte y veinticinco mil palabras hablamos de veintidós dólares, y va subiendo dos dólares cada siete mil palabras. Cerca de ochenta mil, nos acercamos a los cuarenta dólares. Se encarece para el lector y también para vos, porque el taller se paga con veintiocho libros. Podemos trabajar de dos maneras: hacer una novela precisa y contundente, de entre treinta y cinco y cuarenta y cinco mil palabras, o, si estás convencido de que todas las escenas y personajes son necesarios, pensar en dos libros.
F: Creo que esta historia va más por el lado de la contundencia. Habría que sacar.
H: La palabra es esa: contundencia. Animate a recortar. No solo un capítulo: a hacer una gran novela con el material que tenés. En una primera obra suele sobrar mucho; una parte de lo que se escribe sirve para tomar envión y otra es lo que realmente pasa, lo que necesita el personaje, el deseo que lo mueve. Mis clases van por ahí: aprender a reducir y dejar de creer que muchas páginas significan jerarquía.
F: Sí.
H: Vas a recibir un mail con el cronograma de octubre y noviembre. Tendrás un editor durante los dos meses para trabajar en dividir la historia y concentrarte en la primera parte, o en podar hasta que quede una novela fuerte. Necesito que tomes esa decisión para adjudicarte el editor que corresponda a cada opción.
F: La pensé como una novela a lo hermanos Coen. No da para dividirla. No es una saga: es la historia de un hombre que toma una mala decisión. Se tiene que contar en una sola película o en una sola temporada, si fuera una serie. El universo es interesante, un pueblo del interior, pero me parece mejor centrarse en la caída del personaje y en sus malas decisiones. Eso necesita recortes.
H: Cuando entiendas cómo y por qué hacerlos, vas a ver lo bien que queda. Hay que eliminar las distracciones del lector. Entonces no hace falta una semana para decidir.
F: No. Dividirla la alargaría innecesariamente. Por momentos seguís al personaje y por momentos aparece un omnisciente muy específico para introducir situaciones. Cada capítulo mantiene su punto de vista. No hay otro personaje al que seguir, salvo un capítulo final donde mezclo las voces del pueblo.
H: Está claro. En octubre y noviembre vamos a trabajar la edición, la poda, el recorte, el peinado y el vestido: la novela va a terminar de fiesta. A finales de noviembre, vos y tu editor tienen que soltarla porque entra en corrección. Del 1 al 15 de diciembre se trabaja la ortografía, la gramática, la sintaxis, las cursivas y las comillas, para que toda la colección tenga un criterio común. Después entra en maquetación, con la portada y la contraportada consensuadas con vos. Entre Navidad y Año Nuevo vas a recibir las pruebas de galera y tendrás unas cuarenta y ocho horas para encontrar errores antes de la imprenta. La idea es que entre el 2 de enero, esté quince días hábiles y salga a finales de enero. Ese es el camino ideal de los sesenta y cuatro autores.
F: Bien.
H: Mis ocho clases serán los martes de octubre y noviembre. Vamos a hablar de progresión, escenas, tiempos, ritmo y personajes. Tu editor trabajará esos puntos con vos. Esta charla es una bienvenida. ¿Tenés alguna duda sobre el proceso, la preventa o la novela?
F: Sobre el pago. ¿Cambió la modalidad? ¿En vez de pagar el curso hay que comprar libros?
H: Sí. Entendimos que el autor terminaba haciendo las dos cosas: pagaba el taller y además compraba libros. Entonces decidimos que los libros fueran directamente el pago. Son veintiocho ejemplares; desde el veintinueve cobrás el cincuenta por ciento de regalías. Se compran como mínimo siete por mes, de septiembre a diciembre.
F: Estamos esperando un ingreso de dinero. Nuestra temporada empieza entre octubre y finales de noviembre; el invierno es complicado para el agro. ¿Podría comprar catorce en octubre?
H: Podés comprarlos todos juntos. Algunos autores compran los primeros siete y después comparten el enlace con familiares y amigos para completar entre todos.
F: Acabo de publicar un libro y no estoy para volver a pedir. Pero Orsai me encanta, te leía cuando era un blog. Esta novela la iba a cajonear y apareció la posibilidad de trabajarla con gente del rubro.
H: Los pagos acompañan las etapas: con los segundos siete pagamos la segunda parte de la edición; con los terceros, corrección y maquetación; con los últimos, imprenta y envío. Podés adelantarlos.
F: Ya pagué la primera cuota.
H: Por eso estamos charlando: ya estás adentro.
F: ¿Y además tengo que comprar los veintiocho libros?
H: No. Pagaste doscientos veinticinco mil pesos, ¿verdad? Con eso ya tenés siete libros.
F: Ahora entendí. Por eso preguntaba si podía pagar septiembre con octubre.
H: Septiembre ya está. La única cuestión es que esos siete libros tienen un precio calculado sobre treinta y cuatro mil pesos. Si la novela termina en cuarenta y cinco mil palabras, el precio sube un poco y la siguiente cuota será mayor. Pero son libros tuyos.
F: No hay problema. Otra consulta: creo que quiero cambiar el título. Hay una película que se llama «Tesis de una domesticación». Mi novela trata el machismo y el rol del hombre dominante, y pueden confundirse los títulos. Pensé en «La danza de los mirlos».
H: Lo vemos. Vas a poder cambiarlo todas las veces que quieras hasta el final del proceso.
F: ¿También habrá asesoramiento del editor sobre unas frases de canciones que uso, como si alguien estuviera cantando de fondo? Me preocupa el copyright. El título también sería el de una canción.
H: Por supuesto, somos una editorial. Desde ya te digo que no hay problema en citar partes de obras si ponés el autor. Y tampoco en usar el título. Tengo un libro que se llama «Messi es un perro» y nunca le pregunté a Messi si podía ponerle ese nombre.
F: Perfecto. Eso me preocupaba.
H: La semana que viene te llega un mail con toda la información. Cualquier otra duda, preguntame. Un placer conocerte, Franco.
F: Muchísimas gracias. Hasta luego.