HERNÁN CASCIARI: Muy buenas. ¿Cómo estás, Luis? Hace tiempo que quería charlar con vos. Sos uno de los últimos.
LUIS PATRICIO FARRELL: Los últimos serán los primeros.
H: ¿Dónde estás? ¿En qué parte del mundo te encuentro?
L: Estoy en Martínez, provincia de Buenos Aires. Nací en la ciudad de Buenos Aires y hace unos diez años que vivo en zona norte. El anillo de casados venía con esta cláusula.
H: ¿Y qué hacés en tu vida?
L: Soy empresario, multirubro. La coyuntura hizo que algunos proyectos se cayeran el año pasado y este año me encontré escribiendo, por enero. La escritura no es algo que me haya acompañado toda la vida, pero esta historia está basada en una vivencia que tuvo mi hermano y hacía muchos años que tenía ganas de escribirla.
H: ¿Tiene que ver con algo que le pasó a él?
L: Un poco. Mi hermano tiene un amigo de toda la vida, del colegio. Un pibe con muchísimas luces que entra al ITBA y, en medio de la rosca estudiantil, empieza a tener un brote psicótico acompañado por lo que él cree que es una formulación casi milagrosa a nivel celular, biológico. Manda el estudio a revisión, lo habla con autoridades y después lo corren. En medio de todo eso empieza a degradarse psicológicamente y termina un tiempo internado.
H: ¿Y ahí aparece lo increíble?
L: Esto ocurre en 2012, en el último período del papa Ratzinger. Cuando él estaba en medio de los brotes pedía hablar con el cardenal Bergoglio porque decía que iba a ser el próximo papa. Después, con el diario del lunes, era: “Che, por favor, ¿qué pasó acá?”. Y yo siempre decía que algún día lo iba a escribir.
H: Cuando conociste esa historia te diste cuenta de que había un libro ahí.
L: Me fascinó. Dije: “Esto tiene que llegar a otro lado, no puede quedar acá”.
H: ¿Y cómo se te ocurrió empezar si nunca habías escrito una novela?
L: Me encontré con más tiempo disponible y estaba buscando en qué ocupar la cabeza. También apareció la inteligencia artificial como herramienta. La novela no está escrita por la IA, pero la usé como asistente para ordenar y trabajar cosas.
H: Claro. Vos vas contando, ordenando, probando. ¿Te sentiste cómodo?
L: Sí, pero hubo muchísimo trabajo mío, casi de edición. El problema es que el asistente pocas veces te dice que no. Entonces tenés que estar todo el tiempo preguntándote si algo realmente está bien.
H: En realidad uno educa al asistente. Al principio es complaciente. Es como un perro: tenés que domesticarlo, llevarlo a tu estilo y explicarle con claridad tus objetivos.
L: Exactamente.
H: A veces, cuando le doy algo mío, hago trampa. Le digo que es de un escritor que odio y le pido una reseña. Recién ahí, por complacencia conmigo, me señala lo malo que yo estaba esperando encontrar.
L: Muy bueno. No lo había encarado así.
H: Es una herramienta bastante tonta pero tremendamente útil en ciertas automatizaciones. Si la usás de esa manera, está perfecto.
L: Al principio sí era complaciente de más, pero creo que el trabajo quedó muy logrado. A mí me gustó muchísimo.
H: Tenés unas cuarenta o cuarenta y una mil palabras. Es una novela grande. ¿Estás dispuesto a podar cuando empiece el trabajo con un editor humano?
L: Estoy dispuesto a trabajarlo. Me gustaría mantener la esencia, por supuesto.
H: Podar no es cambiar la esencia. En una primera obra de largo aliento suelen quedar retazos de cosas que distraen del tronco de la historia. El editor se pregunta: si este personaje secundario no estuviera, ¿la novela sigue igual? Si saco esta escena, ¿perdemos algo? Ahí empieza el juego.
L: Bien.
H: Durante octubre y noviembre vas a trabajar con un editor o una editora profesional. Siempre van a ser sugerencias, nunca obligaciones. Y los martes a las siete voy a hacer el taller de publicación con todos los autores de esta camada: ritmo, progresión, personajes, deseo, conflicto, capítulos que sobran o escenas que se caen.
L: Excelente.
H: El último día de noviembre soltamos la novela y pasa a corrección ortotipográfica, sintáctica y gramatical. Después entra en maquetación y diseño. Entre Navidad y Año Nuevo vas a recibir las pruebas de galera: el libro entero en PDF, ya diseñado, para la última revisión antes de imprenta.
L: Perfecto.
H: Si todo está bien, el 2 de enero entra a imprenta y hacia finales de enero ya existe físicamente. Octubre y noviembre son tu tramo más intenso: clases, trabajo con el editor y ajustes del manuscrito.
L: Clarísimo. Estoy totalmente abierto a que charlemos todos los matices de la novela. Avancemos, vamos con todo.
H: ¿Tenés claro también cómo funciona el tema de los veintiocho libros?
L: Sí. Estamos en catorce.
H: Cuando cierres los veintiocho, ya sea con compras tuyas o de gente cercana, desde el libro veintinueve cambia la dinámica: puede comprar gente de cualquier parte del mundo y empezás a recibir el cincuenta por ciento de regalías.
L: Perfecto, clarísimo.
H: Bueno, Luis. Nos vemos el martes que viene.
L: Impecable. Abrazo enorme.