En febrero de este año empezó una aventura que no sabíamos muy bien cómo explicar.
Treinta y dos personas de distintos lugares se habían anotado en un taller de Orsai con una intención bastante concreta y, al mismo tiempo, desmesurada: dos meses después deberían tener un libro propio listo para publicar.
Algunos llevaban años escribiendo cuentos. Otros tenían textos desperdigados en carpetas. Algunos habían mostrado sus materiales a amigos o familiares. Muchos no habían tenido nunca una reunión con un editor, no sabían cómo funcionaba una corrección profesional, jamás habían visto una prueba de galera y nunca habían tenido que decidir cuánto debía medir un lomo.
Eran, en su mayoría, autores inéditos.
Seis meses después, aquellos primeros treinta y dos parecen el comienzo de algo mucho más grande.
Hoy hay más de 270 libros terminados, en imprenta, en maqueta o atravesando el proceso editorial de Orsai. Y las nuevas camadas abiertas para septiembre, octubre y noviembre llevan esa cifra potencial todavía mucho más arriba.
Pero el número, aunque impresiona, es casi lo de menos. Lo importante es lo que está ocurriendo detrás de cada uno de esos libros.
Durante mucho tiempo, para una persona que escribía sin pertenecer al circuito editorial, «publicar un libro» parecía significar encontrar una editorial que dijera que sí. Y mientras ese milagro no ocurría, el manuscrito podía quedarse durante años en una computadora.
Nosotros quisimos probar otra cosa.
En los Talleres Personalizados de Orsai el autor no entrega un archivo y espera que alguien haga magia. Participa de todo el proceso.
Tiene reuniones individuales con Hernán Casciari y con los editores del sello. Recibe correcciones. Discute la estructura de su libro. Aprende a descartar, a ordenar y a reescribir. Piensa un título. Trabaja una portada. Ve aparecer la primera maqueta. Corrige galeras. Prepara sus textos de presentación. Firma su contrato con el 50% de las regalías. Construye su página. Aprende cómo comunicar una preventa y cómo hablar de su propio libro sin tener que convertirse de golpe en vendedor de enciclopedias.
Hay clases, reuniones, devoluciones y acompañamiento durante todo el recorrido.
Porque el objetivo no es solamente que al final haya un objeto impreso.
El objetivo es que, después de atravesar el proceso, esa persona pueda decir algo nuevo: sé cómo se hace un libro.
La primera camada dio origen a Punto Cero. Después llegaron Cuento y aparte, Entrelíneas y Puertas de papel.
Las cuatro colecciones ya completaron su recorrido editorial.
Después apareció Hormiguero, que está en imprenta, y mientras seguían entrando autores de relatos empezó a ocurrir algo que al principio no habíamos previsto: el sistema también servía para otras formas de escritura.
Así nacieron los talleres de novela y los talleres de biografía y homenaje.
Hoy Novela Humana, nuestra primera colección de novelas surgida del sistema, está en etapa de maquetación. Hay una segunda camada de novelistas trabajando y una tercera convocatoria abierta.
Al mismo tiempo, treinta autores terminaron la primera experiencia dedicada a memorias y homenajes, cuyos libros están entrando en producción, mientras una segunda camada ya está trabajando.
Es decir que aquella primera experiencia de treinta y dos cuentistas se convirtió en algo mucho más amplio: una fábrica artesanal de primeras obras, de novelas demoradas durante años, de recuerdos familiares, de cuentos que nunca habían salido de un cajón y de autores que finalmente encuentran una manera de llegar a sus lectores.
Hay una escena que se repite todo el tiempo.
Un autor entra al taller convencido de que su problema principal es la escritura. Dos meses después descubre que un libro es muchísimo más que escribir.
Descubre qué hace un editor. Por qué una corrección no consiste solamente en sacar comas. Por qué un cuento maravilloso puede estar mal ubicado dentro de un volumen. Cómo cambia una novela cuando alguien que no la escribió empieza a hacer las preguntas correctas. Qué información necesita una contratapa. Qué tamaño debe tener una tipografía. Qué ocurre cuando treinta libros diferentes tienen que convivir dentro de una misma colección.
Y, sobre todo, descubre que ya no está solo.
Este aspecto terminó siendo uno de los más importantes de la experiencia.
Los autores comparten dudas, avances, ventas, tapas, decisiones y miedos con otras personas que están pasando exactamente por lo mismo. Se recomiendan libros entre ellos, se ayudan con la difusión, se leen, celebran cuando llegan las primeras cajas y terminan formando comunidades que continúan mucho después de terminado el taller.
Un manuscrito suele ser una tarea solitaria.
Un libro, en cambio, es una obra colectiva.
Hay además una parte del sistema que terminó modificando nuestra idea tradicional de publicación. Los libros empiezan a venderse antes de estar impresos.
Cada colección está logrando actualmente una preventa de alrededor de 2.500 a 3.000 ejemplares antes de entrar a imprenta.
Una parte importante corresponde a los propios autores, que en promedio encargan unos cincuenta ejemplares para distribuir entre sus lectores, presentaciones, conocidos o circuitos personales.
Pero el resto lo compra gente que llega desde afuera: lectores, amigos de amigos, seguidores, personas que descubren una historia durante la preventa y deciden acompañarla.
En una colección de treinta y dos autores eso significa que, antes de que las máquinas empiecen a imprimir, cada libro ya tiene en promedio alrededor de ochenta o noventa ejemplares vendidos.
Después empieza otra historia. Cuando los libros llegan físicamente, continúan disponibles en la tienda y siguen vendiéndose de manera normal.
Así que la imprenta, en lugar de ser el comienzo comercial del libro, se convirtió casi en un punto intermedio. Cuando el libro nace, ya hay gente esperándolo.
Hay una decisión económica que para nosotros es inseparable de todo lo anterior.
El autor recibe el 50% de la venta de cada ejemplar.
El taller completo se paga en cuatro cuotas. Pero como la preventa comienza mientras el proceso todavía está en marcha, muchos participantes empiezan a generar regalías antes incluso de terminar de pagar esas cuotas.
Eso produce una situación bastante poco habitual: el libro empieza a ayudar a financiar su propia publicación. No significa que todos vendan lo mismo, ni que exista ninguna garantía. Hay autores que venden muchísimo, otros que venden menos y cada libro construye su recorrido.
Pero sí significa que el escritor participa desde el comienzo de la economía de su obra. No paga simplemente para recibir unas cajas al final del proceso. Publica, vende, cobra regalías, aprende a generar circulación y empieza a descubrir cuáles pueden ser sus propios lectores.
Porque también esa parte forma parte del oficio.
El crecimiento produjo además un efecto lateral que nos entusiasma especialmente. Para acompañar a treinta autores hacen falta profesionales. Para acompañar a cientos, hacen falta muchos más.
A medida que aumentaron las camadas tuvimos que ampliar y consolidar equipos de editores, correctores, diseñadores, maquetadores y personas dedicadas a producción, contratos, páginas web, impresión y seguimiento editorial.
Cada nuevo libro genera trabajo alrededor suyo.
Y eso empieza a dibujar un ecosistema que no habíamos imaginado con esta dimensión cuando arrancamos.
No se trata solamente de que aparezcan nuevos escritores publicados.
También están apareciendo más horas de edición, más correcciones, más diseño, más maquetación y más profesionales viviendo del trabajo de hacer libros.
La escala crece, pero queremos que el proceso conserve algo artesanal: que detrás de cada libro siga habiendo personas mirando ese libro en particular.
En agosto, la fotografía completa empieza a ser difícil de mirar de una sola vez. Hay 128 libros correspondientes a las primeras cuatro colecciones de relatos que ya completaron el proceso.
Hay otros 50 libros en etapa de impresión, entre la colección Hormiguero y la primera camada de memorias y homenajes.
Hay 23 novelas en maqueta.
Y otras camadas de relatos, novelas y biografías están actualmente en pleno trabajo editorial.
En total, más de 270 autores y libros ya atravesaron o están atravesando el sistema.
Mientras unos reciben cajas, otros corrigen galeras. Mientras unos deciden una portada, otros están teniendo su primera reunión editorial. Mientras unos preparan una presentación pública, otros todavía están ordenando los capítulos de una novela que escribieron durante cinco años. Todo ocurre al mismo tiempo. Y quizá esa sea la imagen que mejor explica lo que se armó.
Las nuevas convocatorias están abiertas para las camadas que trabajarán durante septiembre, octubre y noviembre.
Hay talleres de relatos, de novela y de biografías. Y probablemente entre quienes entren ahora vuelva a ocurrir lo mismo que ocurrió con aquella primera camada de febrero.
Habrá alguien que tenga un manuscrito desde hace diez años. Alguien que no se anime todavía a llamarse escritor.Alguien que crea que su historia solamente le importa a su familia. Alguien que haya mandado originales a editoriales y nunca haya recibido respuesta.
Alguien que simplemente necesite una fecha, un equipo y un poco de compañía para terminar. Seis meses después de empezar esta experiencia entendimos algo que entonces solamente sospechábamos.
Hay miles de personas escribiendo libros que todavía no existen. No siempre les falta talento. A veces les falta un editor. Un corrector. Una tapa. Una fecha. Un grupo. Una imprenta. Un sistema. Alguien que les diga qué viene después.
Y cuando todas esas piezas aparecen juntas ocurre algo extraordinariamente sencillo. El archivo deja de ser un archivo. Y un día llega una caja. El autor la abre.
Y adentro está su primer libro.