Despoblados

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PUBLICADO EN

ABR, 2026

Despoblados

Max Bidart presenta su segundo libro de cuentos —el primero con Editorial Orsai— con historias federales que se ponen un poco oscuras.

Sobre el autor

Max Bidart (Mercedes, Argentina, 1978)

Diseñador en comunicación visual, director creativo en QKStudio y docente en la Universidad Nacional de La Plata. Es autor de Justo ayer, libro de relatos sobre la infancia en los años ochenta y noventa. En su narrativa explora el cruce entre lo cotidiano y lo inquietante.

Sobre el libro

«Despoblados» es el decimonoveno volumen de la Colección Punto Cero. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 19-7888415-525745. Primera edición: abril 2026.

Prólogo de Hernán Moyano

Hay libros que se leen. Y hay libros que se atraviesan, que se experimentan. Despoblados pertenece a esa segunda categoría. No porque sea estridente ni porque busque el golpe de efecto, sino porque se mete bajo la piel con una calma inquietante, sin antídoto.

Max Bidart escribe como quien enciende una linterna en un cuarto que parecía vacío. De pronto, lo cotidiano —una migraña, una noche entre amigos, una lluvia cualquiera— se vuelve revelación. Nos incomoda. Nos deja indefensos. Y en esa revelación asoma algo más: algo que siempre estuvo ahí, esperando que bajemos la guardia. En estos cuentos hay fantasmas, sí. Pero no son solo espectros: son culpas, ausencias, palabras que no se dijeron a tiempo y mutaron en otra cosa. Padres que se van. Pueblos que crecen torcidos. Chicos que aprenden demasiado pronto. Lo inquietante no es el monstruo; es el detalle. Algo que ya latía en Justo Ayer. Max tiene un pulso raro —y hay que ser raro para escribir—. Te lleva de la mano y, cuando creés que vas a un lugar seguro, te obliga a mirar lo que evitabas. Sin solemnidad, sin grandilocuencia. Como quien cuenta algo que le pasó “a un amigo” en voz baja, aunque sabés que no es tan simple. Y por eso asusta. Estos relatos no hablan solo del miedo: hablan de lo pendiente, de lo que el tiempo no tapa, de lo que vuelve. Porque, en el fondo, Despoblados no trata sobre lugares vacíos, sino sobre lo que queda cuando algo —o alguien— se va. Y seamos honestos, eso es mucho más perturbador.