Cuentos breves para días eternos

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PUBLICADO EN

JUN, 2026

Cuentos breves para días eternos

En Cuentos breves para días eternos, Alejandro Gabriel Sánchez construye relatos donde lo cotidiano se vuelve inquietante. A partir de escenas simples y reconocibles, introduce desvíos que alteran la percepción y revelan obsesiones, culpas y fisuras invisibles. Un libro que transforma lo mínimo en experiencia profunda y deja resonancias mucho después de la lectura.

Sobre el autor

Alejandro Sánchez (Buenos Aires, 1980)

Trabaja como Contador en una multinacional, pero es a través de las expresiones artísticas como la música y la literatura donde se siente que logra equilibrar su vida hacia su costado más creativo y menos estructurado.

Sobre el libro

«Cuentos breves para días eternos» es el cuarto volumen de la Colección Entrelíneas. Portada rústica sin solapas. Tamaño 20×14 cm. 156 páginas. ISBN 04-788415-525776. Primera edición: junio 2026.

Prólogo

A los dieciocho años, cuando la vida todavía no encuentra un idioma propio, Alejandro Sánchez empezó a escribir como quien deja marcas para no perderse. No era un proyecto ni una ambición literaria: era una necesidad.

Ese gesto inicial —escribir para entender lo que pasa adentro— sigue latiendo en Cuentos breves para días eternos, aunque el tiempo haya agregado oficio, distancia y una mirada más precisa sobre lo que se cuenta. Los relatos del libro parten de situaciones mínimas, casi invisibles: una grieta en una pared, una conversación que se estira más de lo debido, una rutina que empieza a torcerse. Desde ahí, sin levantar la voz, la narración se desplaza hacia zonas donde la realidad deja de ser confiable. No hay golpes de efecto ni explicaciones cerradas; hay, en cambio, una incomodidad que crece de manera silenciosa. Sánchez observa con atención y escribe con una economía que potencia cada detalle: lo que no se dice pesa tanto como lo que aparece en la página. En ese equilibrio, los cuentos logran algo difícil: sostener una tensión constante sin recurrir a lo evidente. También hay una pregunta que atraviesa todo el libro, aunque nunca se formule de manera directa: cuánto de lo que vivimos es realmente nuestro y cuánto está condicionado por hábitos, culpas o deseos que no terminamos de comprender. Esa duda, persistente, es la que transforma cada historia en una experiencia que continúa más allá del punto final.