
¡Ay, mi niña!
¡Ay, mi niña! logra conquistar un sutil equilibrio entre la poesía que habita en el lenguaje, y los silencios que perturban. No le tiene miedo a la verdad, y al mismo tiempo sabe conjugarla con lo verosímil. Por momentos la historia se vuelve áspera, como la tierra recién arada. Pero a medida que se la transita, uno va descubriendo que ahí, debajo, están las semillas. Por eso es un libro que no termina de cerrarse, sigue resonando, creciendo, brotando. (Agustina Caride).
